Leyendas del faro

Leyendas del faro

 

 

El faro es sin dudas una de las referencias más importantes que tiene Cabo Polonio. Su surgimiento, motivado por el hundimiento de numeras embarcaciones potencian las características de la geografía de la zona.

 

Al primer encargado del faro se lo recuerda con nombre y apellido: Pedro Grupillo. Un hombre que se acostumbró a pasar en la soledad de la imponente estructura durante buena parte de su vida.

 

Y su trabajo sí que estaba ligado a las necesidades de una época y a los recursos de los que por entonces se disponía. La iluminación estaba dada en función de lámparas cuya mecha era alimentada con grasa o aceite (ya sea de lobos, ballenas o potros). Su trabajo implicaba subir los 132 escalones que separan la base de la cima del faro cada 3 horas para hacer que el sistema de relojería continuara permitiendo la iluminación.

 

La tarea denodada de los fareros que tuvieron por encargo el faro de Cabo Polonio no es nueva, pues cuenta la leyenda que incluso una vez uno que vivía junto a su mujer embarazada, tuvo que salir en busca de una partera ni más ni menos que a la ciudad de Rocha. No obstante, las inclemencias del tiempo hicieron que el viaje se retrasara una semana! Ante tal situación, no solo que la mujer tuvo que realizar sola las labores de parto, sino que también, consciente de la importancia de su tarea, subía diariamente a encender la luz del faro.

 

 

¡Una leyenda que aporta una hermosa forma de "humanizar" el faro! :)